La planta se despierta con el plan de producción que se preparó el día anterior. Todos tenemos el plan. Está en los ordenadores, en las pantallas de planta y en las tablets de supervisoras y coordinadores.
El inicio del día suele ser sencillo. Las primeras confecciones se repiten muchos días y están destinadas a los mismos clientes habituales. Son los primeros pedidos que se cargarán en los camiones. Una buena parte de la producción se avanzó ayer.
En general, a primera hora, hay pocas decisiones que tomar y aprovecho para revisar si las líneas van a la velocidad planificada o no y si hay desviaciones, entender el problema y su causa raíz. ¿Una avería, una incidencia, falta de flujo de materia prima para un pedido concreto?
Gracias a la información en tiempo real, he aprendido que cuando un pedido está repartido en varias líneas de producción, si falta flujo de materia prima, es mejor parar una línea. Así se ahorra energía y las personas puede apoyar en tría o en encajado manual. Una vez paré dos líneas y terminamos a la misma hora estimada que cuando estaban trabajando todas.
Antes, cada cambio se transmitía escribiendo papeles a mano y a veces nos equivocábamos escribiendo o leyendo. Ahora todo está en el ordenador y todo el mundo sabe qué pedido tiene que confeccionar y cuál será el siguiente, de modo que se pueden preparar los materiales con suficiente antelación.
Tenemos un panel de control con la información de todas las líneas de la planta, que se puede visualizar incluso estando fuera de la planta. Nos costó un poco acostumbrarnos, pero es muy útil. Cuando un pedido se empieza a retrasar por encima de un umbral se muestra en rojo y sí se adelanta, en verde.
También se ha reducido el ruido en la oficina de planta, porque ahora la gente no tiene que avisar que está haciendo el último palé del pedido, ni venir a por el papelito con la siguiente orden de producción. Antes sonaban el teléfono fijo y el móvil sin parar.
Hemos aprendido que el mejor plan no es el que hace el planificador, sino el que hace el planificador cuando incorpora las sugerencias de las supervisoras de producción, que saben cómo está la gente y las máquinas. Aunque tenemos varias líneas que son “iguales”, en la realidad funcionan con pequeñas diferencias, a veces con grandes diferencias. Aunque están muy ocupadas, les interesa revisar el plan porque casi todos los días proponen algún pequeño cambio que aumenta nuestra productividad.
Hacia el mediodía, se complica la cosa porque nos llegan pedidos nuevos que se tienen que cargar esa misma tarde. No entiendo por qué no pueden pedir el día de antes como hacen otros clientes, pero es lo que hay.
Algunos de esos pedidos los he planificado antes de recibirlo, aunque no siempre acierto y todos los días me toca retocar unos cuantos. Antes tomaba decisiones inmediatas cuando llegaban los pedidos nuevos por miedo a no terminarlos a tiempo. Ahora que tengo toda la información y programo huecos para esos pedidos “desconocidos”, me he dado cuenta de que puedo pararme a pensar y aprovechar el sistema de planificación para hacer planes alternativos. Lo que más me fastidia es cuando me toca cambiar el plan de variedades previsto para la jornada. Implica un grupo enorme de líneas y lleva unos minutos más de trabajo.
También es el momento de avanzar pedidos para el día siguiente, que puedo empezar a producir hoy. Es una oportunidad enorme de optimizar la productividad de la planta.
Antes de terminar la jornada, toca preparar el plan del día siguiente. Sí, mañana empezaremos de forma similar.
Si tu día a día no es así y estás decidiendo el pedido siguiente a producir mientras se confecciona el último palé del pedido actual, necesitas The Fresh Planner.



